140° ANIVERSARIO DE LA INMIGRACION JAPONESA A LA REPUBLICA ARGENTINA - HOMENAJE DEL CHIKARA DOJO

 

KINZO MAKINO: EL PRIMER INMIGRANTE JAPONÉS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA


En 2026 se cumplen 140 años de un acontecimiento que, visto en perspectiva histórica, adquirió una enorme trascendencia para las relaciones entre la República Argentina y Japón: la llegada y posterior radicación en nuestro país de Kinzo Makino, considerado oficialmente el primer inmigrante japonés que se estableció en territorio argentino.

La Embajada de la República Argentina en Japón, la Cancillería argentina, el Museo de la Inmigración Japonesa y organismos vinculados a la comunidad nikkei reconocen a Makino como el primer inmigrante japonés radicado en Argentina. En 1886 se estableció en la provincia de Córdoba, dando comienzo a una presencia japonesa que, con el paso de las décadas, se transformaría en una comunidad profundamente integrada a la sociedad argentina.

La importancia de Makino no reside solamente en haber sido el primero. Su historia representa también el carácter espontáneo, individual y aventurero de los primeros movimientos migratorios japoneses hacia la Argentina, mucho antes de que existieran acuerdos migratorios entre ambos gobiernos y antes de que se produjera la inmigración japonesa organizada que caracterizaría buena parte del siglo XX.

Su llegada se produjo en un momento en que Japón atravesaba una profunda transformación histórica y Argentina se encontraba en pleno proceso de consolidación institucional, expansión económica y construcción de una nación receptora de inmigrantes.

Japón en la segunda mitad del siglo XIX

Para comprender la decisión de Kinzo Makino de abandonar Japón es necesario observar el contexto de su época. En 1868 había comenzado en Japón la Restauración Meiji, proceso que puso fin al largo período del shogunato Tokugawa y dio inicio a una profunda transformación política, económica, social y tecnológica.

Japón comenzó a abrirse progresivamente al mundo exterior. Se modernizaron las instituciones, se impulsó la industrialización, se construyeron ferrocarriles y se enviaron estudiantes y trabajadores al extranjero para adquirir conocimientos y experiencias. La apertura también generó un fenómeno migratorio que llevaría a numerosos japoneses a buscar oportunidades fuera del archipiélago.

La emigración japonesa hacia otros países comenzó a adquirir importancia durante las últimas décadas del siglo XIX. Hawái se convirtió en uno de los primeros grandes destinos de trabajadores japoneses, seguido posteriormente por Estados Unidos, Canadá, Perú, Brasil y otros países de América.

Argentina, sin embargo, no formaba parte todavía de los principales destinos de la emigración japonesa. Por eso la historia de Makino resulta particularmente excepcional.

 

¿Quién fue Kinzo Makino?

Kinzo Makino nació en 1859, según las investigaciones históricas más difundidas, en la zona de Misaki, antigua provincia de Sagami, actual ciudad de Miura, prefectura de Kanagawa, en las proximidades de Yokosuka. Algunas fuentes señalan pequeñas diferencias respecto de su fecha exacta de nacimiento, pero existe coincidencia general en situar su nacimiento alrededor de 1859.

Su origen estaba relacionado con una región marítima, algo que ayuda a comprender su posterior vinculación con la navegación. Siendo todavía joven, Makino se embarcó en un buque británico. Alrededor de los 18 años habría comenzado a trabajar como tripulante de barcos extranjeros, experiencia que le permitió recorrer diferentes puertos del mundo y adquirir conocimientos de inglés. Esta experiencia internacional resultaría decisiva.

Makino no salió de Japón formando parte de un programa de colonización organizado por el gobierno japonés ni de un contingente migratorio destinado a la Argentina. Fue, en esencia, un emigrante individual, impulsado por su deseo de conocer el mundo y encontrar nuevas oportunidades.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por el Museo de la Inmigración Japonesa de JICA y por especialistas de la comunidad nikkei, Makino llegó a América como integrante de la tripulación de un barco británico. En 1886, cuando tenía aproximadamente 27 años, decidió desembarcar en Buenos Aires. Este hecho es fundamental para comprender la naturaleza de la primera inmigración japonesa a Argentina.

Makino no llegó como parte de una inmigración organizada por Japón. Tampoco existía todavía un convenio migratorio entre ambos países. Su llegada fue producto de una decisión personal.

El Museo de la Inmigración Japonesa señala que Makino llegó a territorio argentino en 1886, desembarcó en la zona de Buenos Aires y posteriormente se trasladó hacia Córdoba, donde comenzó a trabajar para una empresa ferroviaria británica. Otros estudios históricos indican que su ingreso habría tenido características irregulares, relacionadas con el abandono del buque en el que trabajaba. Por ello, resulta importante distinguir entre "primer japonés que pisó el territorio argentino" y "primer inmigrante japonés que se radicó en Argentina".

La documentación histórica permite reconocer a Kinzo Makino como el primer japonés que se estableció de manera permanente en el país. 

Argentina en 1886: un país que buscaba inmigrantes

La llegada de Makino ocurrió en un momento excepcional de la historia argentina. Era el período conocido como la Generación del 80, durante la presidencia de Julio Argentino Roca.

Argentina estaba impulsando un modelo económico basado en la expansión agropecuaria, las exportaciones, la incorporación de nuevas tierras, el desarrollo ferroviario y la llegada de inmigrantes. La inmigración era considerada una herramienta fundamental para poblar el territorio y contribuir al desarrollo económico. La legislación argentina ya había establecido un marco favorable para la inmigración europea.

La Ley de Inmigración y Colonización N.º 817, sancionada en 1876, conocida como Ley Avellaneda, había creado mecanismos para fomentar y organizar la llegada de inmigrantes. La Argentina buscaba trabajadores, agricultores, técnicos, artesanos y personas que pudieran incorporarse a una sociedad en plena expansión. Sin embargo, la mayor parte de los inmigrantes que llegaban al país provenían de Europa, especialmente de Italia y España. La llegada de un japonés era todavía un acontecimiento absolutamente excepcional.

Después de llegar a Buenos Aires, Kinzo Makino se trasladó hacia la provincia de Córdoba, y esta elección no fue casual. Córdoba estaba adquiriendo una importancia creciente dentro del desarrollo económico argentino y, especialmente, en la expansión de la red ferroviaria. El ferrocarril era uno de los grandes símbolos de la Argentina de finales del siglo XIX. Las compañías de capital británico habían comenzado a construir una extensa red ferroviaria que conectaba Buenos Aires con diferentes regiones del país. Para un hombre que tenía experiencia marítima y técnica, el mundo ferroviario ofrecía una posibilidad concreta de trabajo. 

Makino comenzó a trabajar en el Ferrocarril Central Argentino, empresa de capital británico que operaba una de las principales líneas ferroviarias del país. Las fuentes históricas lo identifican como trabajador ferroviario y posteriormente como maquinista. Algunas referencias lo mencionan inicialmente como fogonero y luego como maquinista. 

"Miguel King": la adaptación a una nueva sociedad

Una de las particularidades de la historia de Kinzo Makino es que durante su vida en Argentina también fue conocido como Miguel King o Michael King. El cambio de nombre refleja una realidad frecuente entre los primeros inmigrantes japoneses: la necesidad de adaptarse lingüística y socialmente a una sociedad completamente diferente.

Makino dominaba el inglés debido a sus años trabajando en barcos británicos. El dominio de ese idioma probablemente facilitó su incorporación al mundo ferroviario, donde las empresas británicas tenían una presencia importante. Su capacidad de adaptación le permitió desarrollar una carrera laboral estable. Con el paso del tiempo, dejó de ser simplemente aquel joven japonés que había desembarcado en Buenos Aires y se convirtió en un trabajador establecido en Córdoba.

La provincia de Cordoba es considerada la cuna de la inmigración japonesa en Argentina, porque allí Kinzo Makino se estableció en 1886. En la actualidad, la Embajada Argentina en Japón señala específicamente que Makino se radicó en el barrio San Vicente de la ciudad de Córdoba. De esta manera, la historia de los japoneses en Argentina no comenzó en Buenos Aires, aunque la capital posteriormente se convertiría en el principal centro urbano de la comunidad. Comenzó en Córdoba. Y comenzó con un solo hombre.

Uno de los aspectos más llamativos de la historia de Makino es que durante un largo período habría sido prácticamente el único japonés residente en Argentina. Investigaciones recientes señalan que recién alrededor de 1900 llegaron otros japoneses documentados al país, entre ellos jóvenes que arribaron a bordo de la fragata escuela argentina ARA Presidente Sarmiento. Hasta entonces, Makino habría vivido durante años prácticamente aislado de otros compatriotas. Esta situación permite imaginar la dimensión del desafío.

Con el paso de los años, Makino logró establecerse definitivamente en Córdoba, formó una familia y construyó una vida en Argentina. Las investigaciones de la comunidad nikkei señalan que vivió en las cercanías de la ciudad de Córdoba, en la zona de General Paz, en una casa con jardín construida con los ahorros obtenidos durante sus años de trabajo ferroviario.

Este dato es particularmente significativo. El joven japonés que había llegado décadas atrás como tripulante de un barco extranjero había logrado transformarse en un vecino establecido de la sociedad cordobesa. Su historia pasó así de ser una aventura migratoria individual a convertirse en una historia familiar. 

El trabajo de Makino en el ferrocarril tuvo una importancia que excedió su propia subsistencia. El ferrocarril era uno de los sectores más modernos de la Argentina de aquella época. Representaba tecnología, comunicación, movilidad y expansión territorial. La incorporación de Makino a ese mundo demuestra que su llegada a Argentina no fue simplemente una experiencia de supervivencia. Logró adquirir una posición laboral estable y desarrollar una trayectoria prolongada dentro de una empresa vinculada a la modernización del país. Según investigaciones recientes, continuó trabajando hasta su jubilación en 1927, después de aproximadamente 34 años de actividad ferroviaria. De esta manera, gran parte de su vida adulta quedó vinculada al proceso de modernización argentino.

Durante las primeras décadas del siglo XX comenzaron a llegar nuevos inmigrantes japoneses. Muchos de ellos tenían dificultades para encontrar trabajo y contactos. En ese contexto, Makino se convirtió naturalmente en una referencia. Testimonios recogidos por investigadores señalan que durante los primeros años de la década de 1910 japoneses recién llegados acudían a él en busca de ayuda laboral. En Córdoba se estaban realizando obras ferroviarias y Makino habría ayudado a conseguir empleos temporarios para algunos de esos trabajadores japoneses. Este hecho es fundamental. El primer inmigrante japonés dejó de ser solamente un pionero individual. Se transformó en uno de los primeros referentes de los japoneses que comenzaban a llegar al país.

Antes de la inmigración organizada

La historia de Kinzo Makino permite comprender que la inmigración japonesa a Argentina tuvo varias etapas. La primera fue individual y espontánea. Luego aparecieron pequeños grupos de trabajadores. Más tarde se desarrolló una inmigración vinculada con Brasil y otros países sudamericanos. Finalmente, durante el siglo XX, aparecieron programas migratorios organizados y colonias agrícolas. La propia documentación japonesa señala que la migración hacia Argentina comenzó en 1886, con Makino, y que posteriormente muchos inmigrantes llegaron desde Brasil y otros países vecinos. Por eso, 1886 y 1908 no deben confundirse.

1886 marca la llegada y radicación del primer inmigrante japonés.

1908 representa el comienzo de una etapa mucho más amplia de inmigración japonesa, vinculada al movimiento migratorio hacia Brasil y a la llegada de japoneses que posteriormente se trasladaron a Argentina. En 1908 ocurrió uno de los acontecimientos más conocidos de la historia de la inmigración japonesa en Sudamérica: la llegada del Kasato Maru a Santos, Brasil. El barco transportó al primer gran contingente de inmigrantes japoneses destinado a Brasil. Algunos japoneses vinculados a ese proceso terminarían trasladándose posteriormente hacia Argentina. Por esta razón, la inmigración japonesa argentina comenzó a adquirir una dimensión colectiva.

En esta nueva etapa tuvieron un peso importante los inmigrantes procedentes de Okinawa y Kagoshima, aunque posteriormente llegaron personas de muchas otras prefecturas japonesas. Con el tiempo, la comunidad japonesa argentina tendría una característica particularmente importante: la fuerte presencia de descendientes de Okinawa.

Los primeros inmigrantes japoneses que llegaron durante las primeras décadas del siglo XX desarrollaron diferentes actividades. En Buenos Aires muchos se dedicaron a trabajos urbanos. Entre ellos se destacaron las lavanderías y tintorerías, los cafés y diferentes actividades de servicios. Otros trabajaron en fábricas, puertos y actividades relacionadas con la agricultura. La floricultura también se convirtió en una actividad de gran importancia. En el interior del país se desarrollaron experiencias agrícolas y colonizadoras. La comunidad japonesa fue encontrando diferentes espacios económicos en los cuales desarrollarse y, al mismo tiempo, fue creando sus propias instituciones. Así comenzó a aparecer una verdadera colectividad.

Del inmigrante individual a la comunidad nikkei

La diferencia entre 1886 y las décadas posteriores es enorme. Cuando Makino llegó, estaba prácticamente solo. Décadas después existían asociaciones, escuelas, colonias agrícolas, instituciones culturales y redes familiares. Los inmigrantes comenzaron a organizarse para ayudarse mutuamente. La creación de asociaciones japonesas permitió conservar el idioma, las tradiciones, las festividades y los vínculos culturales. La comunidad también comenzó a desarrollar una identidad propia. Los hijos nacidos en Argentina fueron convirtiéndose en nisei, mientras que las generaciones posteriores serían conocidas como sansei, yonsei y sucesivas generaciones nikkei. Así nació una identidad argentino-japonesa que no era simplemente japonesa ni exclusivamente argentina. Era una síntesis de ambas culturas. 

Las relaciones diplomáticas entre Argentina y Japón

Un dato histórico especialmente importante es que Kinzo Makino llegó a Argentina antes de que existieran relaciones diplomáticas formales entre ambos países. La llegada de Makino ocurrió en 1886. Doce años después, en 1898, Argentina y Japón firmaron el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. Este tratado fue un paso fundamental para consolidar las relaciones bilaterales. Esto significa que Makino llegó a un país con el cual Japón todavía no había establecido relaciones diplomáticas formales. En cierto sentido, fue un pionero no solamente de la inmigración sino también del contacto humano entre ambos pueblos.

La presencia japonesa todavía era muy pequeña. Sin embargo, resulta revelador que el Censo Nacional de 1895 registrara ya diez japoneses residentes en Argentina. La Cancillería argentina señala específicamente que en ese censo se contabilizaron diez japoneses. Esto demuestra que entre la llegada de Makino en 1886 y 1895 ya se había producido un pequeño crecimiento de la presencia japonesa. Aunque numéricamente insignificante frente a las grandes corrientes migratorias europeas, desde el punto de vista histórico constituía el comienzo de una comunidad que décadas después adquiriría una presencia mucho mayor. 

Buenos Aires estaba creciendo aceleradamente. El puerto recibía diariamente barcos provenientes de Europa. Las vías ferroviarias se extendían hacia el interior. La población aumentaba gracias a la inmigración. Se construían nuevas ciudades y barrios. La economía agroexportadora comenzaba a adquirir una importancia internacional.

En ese contexto apareció un joven japonés procedente de una isla situada al otro lado del mundo. Su lengua era completamente diferente. Su cultura era diferente. Su religión y sus costumbres eran diferentes. Su apariencia era diferente. Sin embargo, encontró un espacio para trabajar, formar una familia y vivir. Ese proceso constituye uno de los aspectos más interesantes de la historia argentina: la capacidad de incorporar personas procedentes de lugares extremadamente distantes y convertirlas, con el paso del tiempo, en parte de la sociedad nacional. 

Kinzo Makino falleció en Córdoba en 1929, después de haber vivido aproximadamente 43 años en Argentina. Las fuentes históricas difieren ligeramente en algunos datos biográficos, pero existe coincidencia en que murió a los 70 años aproximadamente y que había pasado la mayor parte de su vida adulta en Argentina. Había llegado como un joven japonés en busca de nuevas oportunidades. Murió como un hombre profundamente vinculado a Córdoba. Para entonces, el escenario había cambiado completamente. Ya no era el único japonés. La inmigración japonesa había comenzado a crecer. Existían nuevas familias. Había asociaciones. Y comenzaba a desarrollarse una comunidad que continuaría creciendo durante las décadas siguientes.

La historia que comenzó con un solo hombre terminó convirtiéndose en una presencia colectiva. Los inmigrantes japoneses contribuyeron al desarrollo argentino en diferentes campos: Agricultura, Floricultura, Pesca, Servicios, Comercio, Industria, Educación, Cultura y Ciencia. Tambien se desarrollaron Profesiones universitarias y Deportes y artes marciales.

Las generaciones nacidas en Argentina fueron profundizando todavía más ese proceso de integración. Conservaron elementos de la cultura japonesa al mismo tiempo que se incorporaron plenamente a la sociedad argentina. La comunidad nikkei se convirtió así en uno de los ejemplos más interesantes de integración cultural del país.

Dentro de esta historia general existe un capítulo particularmente importante para Argentina: la inmigración proveniente de Okinawa. Los inmigrantes okinawenses tuvieron una presencia significativa en la formación de la comunidad japonesa argentina. Con ellos llegaron tradiciones propias del antiguo Reino de Ryukyu, expresiones culturales, música, danza, gastronomía y, con el paso del tiempo, diferentes manifestaciones de las artes tradicionales y del Okinawa Karate. Esta presencia ayudó a enriquecer la identidad de la comunidad japonesa argentina. La historia de Argentina y Okinawa no puede comprenderse solamente desde la perspectiva migratoria. También debe comprenderse desde el intercambio cultural.

En este año 2026, cuando se cumplen 140 años de la llegada de Kinzo Makino, resulta extraordinario observar la dimensión alcanzada por aquella primera experiencia. La inmigración japonesa que comenzó con un hombre terminó convirtiéndose en una comunidad con instituciones, asociaciones culturales, escuelas, empresas, profesionales, artistas, deportistas y numerosas familias argentino-japonesas. La Embajada Argentina en Japón conmemora oficialmente en 2026 los 140 años de la llegada de Makino, y conserva además una fotografía histórica de este pionero. La fecha constituye mucho más que un aniversario migratorio. Es la celebración de 140 años de convivencia, 140 años de familias, 140 años de trabajo, 140 años de integración y 140 años de intercambio cultural.

FELICES 140 AÑOS DE VIDA INMIGRACION JAPONESA A LA ARGENTINA!

SENSEI LUIS LEMOS Y SENSEI MATIAS LEMOS VIAJAN NUEVAMENTE A OKINAWA JAPON PARA CONTINUAR CAPACITANDOSE EN LAS ARTES TRADICIONALES DE RYUKYU

 

Antes de emprender un nuevo viaje, siempre hay una mezcla de emoción, responsabilidad y gratitud. Hoy, Sensei Luis Lemos junto a Sensei Matías Lemos, inician su viaje hacia Okinawa, Japón, cuna del Karatedo y el Kobudo Tradicional, para participar de la ceremonia de apertura del Campeonato Mundial Juvenil de Okinawa Karatedo y de diversas actividades culturales que reunirán a Maestros y representantes de todo el mundo.

Ademas, este viaje tiene un significado muy especial para nuestra Escuela, puesto que representaran a la Argentina y al Chikara Dojo, pero uno de los principales objetivos que tienen estos viajes es continuar profundizando la formación tecnica directamente junto a nuestro Maestro, Oshiro Nobuko Sensei, manteniendo asi vivo el vínculo con la fuente de nuestro linaje y fortaleciendo la transmisión del auténtico Karatedo de Okinawa.

Cada visita a la isla es una oportunidad para aprender, compartir experiencias, renovar conocimientos y reafirmar nuestro compromiso con la preservación y difusión de la cultura tradicional okinawense en nuestro país.

Queremos agradecer profundamente a todos los alumnos, familias, amigos e instituciones que siempre nos acompañan y hacen posible que este camino continúe creciendo. Los mantendremos informados a través de este espacio, compartiendo las experiencias, actividades y aprendizajes que viviremos durante nuestra estadía.

Con humildad, respeto y el espíritu de Budo, comenzamos un nuevo camino hacia nuestra querida Okinawa!

MERCADO SAKAEMACHI: EL CORAZON POPULAR DE LA RECONSTRUCCION DE OKINAWA - SUDAKA. EL CORAZON DEL OKINAWA KARATE ARGENTINO

 
  

En la ciudad de Naha, muy cerca de la estación Asato del monorraíl Yui Rail, se encuentra uno de los lugares mas historicos, representativo y más auténtico y entrañable de Okinawa: el Mercado Sakaemachi (栄町市場 – Sakaemachi Ichiba). Mucho más que un simple centro comercial, este mercado representa la historia de la reconstrucción de la isla después de la Segunda Guerra Mundial y el espíritu solidario de su pueblo.

Antes de la guerra, el terreno donde hoy se levanta Sakaemachi estaba ocupado por instituciones educativas, entre ellas la Primera Escuela Secundaria Femenina de Okinawa, cuyas alumnas formarían posteriormente el conocido Cuerpo Estudiantil Himeyuri, uno de los símbolos más conmovedores de la Batalla de Okinawa. Tras la devastación de 1945, la zona quedó completamente destruida.

        

Con el regreso gradual de la población, comenzaron a surgir pequeños puestos improvisados donde los vecinos intercambiaban alimentos y productos básicos. En 1955, los propios habitantes eligieron mediante votación el nombre "Sakaemachi", que significa literalmente "Ciudad o Mercado de la Prosperidad", reflejando la esperanza de un futuro mejor para una comunidad que renacía entre las ruinas.

A diferencia del famoso Mercado Público de Makishi, orientado en gran medida al turismo, Sakaemachi conservó su carácter profundamente local. Sus estrechos pasillos cubiertos, las pequeñas carnicerías, pescaderías, verdulerías y comercios familiares mantienen el ambiente de las décadas de 1950 y 1960. Allí todavía es habitual ver a los comerciantes conversar con sus clientes habituales, preservando una forma de vida basada en la confianza y la cercanía.

Con el paso de los años, el mercado también se transformó en un reconocido punto gastronómico. Al caer la tarde, muchos de sus antiguos locales comerciales abren como pequeños izakaya, bares tradicionales y restaurantes donde vecinos y visitantes disfrutan de la cocina okinawense, el awamori y la música local en un ambiente sencillo y acogedor.

    

Hoy, Sakaemachi es considerado uno de los últimos mercados tradicionales que conservan casi intacta la estructura urbana construida durante la reconstrucción de la posguerra. Más que un sitio para hacer compras, es un verdadero patrimonio vivo donde sobreviven las costumbres, la memoria y la identidad del pueblo okinawense. Diversos estudios lo destacan como un ejemplo de resiliencia comunitaria y de la importancia de los mercados tradicionales como espacios de encuentro, transmisión cultural y apoyo mutuo.

Quien recorre sus callejones no solo descubre sabores y productos típicos de Okinawa; también encuentra el testimonio de una comunidad que, después de una de las mayores tragedias de su historia, supo reconstruirse con trabajo, solidaridad y esperanza. En ese sentido, el Mercado Sakaemachi continúa siendo, hasta nuestros días, uno de los símbolos más auténticos del alma de Okinawa.

    

Y por que este sitio es un lugar muy importante para el Okinawa Karatedo Argentino?

Es que exactamente aqui existio un afamado Restaurante llamado "SUDAKA" cuya dueña era la Señora Tsuyako Kinjo. 

A primera vista, lo llamativo es que no era un restaurante de comida okinawense, sino un restaurante de cocina sudamericana, algo bastante inusual en Okinawa. En su carta se ofrecían platos inspirados en distintos países de Sudamérica y era conocido por recibir tanto a residentes extranjeros como a okinawenses interesados en probar sabores diferentes. Hoy en dia, desgraciadamente ya no existe mas.

   

Tsuyako Kinjo (金城ツヤ子) fue mucho más que la dueña de un restaurante llamado Sudaka. Era una excelente anfitriona, exhimia traductora, leal consejera, amiga y un verdadero puente entre los practicantes extranjeros de karatedo y los maestros de Okinawa.

El restaurante Sudaka era casi un "Dojo social". Después de las clases o los entrenamientos era habitual que se reunieran allí maestros de distintas escuelas. Según recuerdan quienes la conocieron, por sus mesas pasaban con frecuencia Maestros como Minoru Higa, Eiki Kurashita, Yoshimitsu Onaga, Oshiro Nobuko y Shigetoshi Senaha, entre otros.

Otro detalle muy significativo, es que el nombre "Sudaka" estaba acompañado por una bandera argentina en la fachada. Esto reflejaba el enorme cariño que Tsuyako Kinjo sentía por Argentina, país con el que había vivido y creado un vínculo muy fuerte gracias a la comunidad de karatekas argentinos que visitaban Okinawa. Ella siempre estaba ahi para ayudarnos.

Era una mujer de gran sabiduría y una personalidad muy especial. No solo servía la comida: enseñaba las costumbres japonesas, indicaba cómo recibir y despedir correctamente a un Maestro y facilitaba encuentros que de otra forma hubieran sido muy difíciles para los visitantes extranjeros. Sin lugar a dudas, un sitio muy especial, un Restaurante mitico y esencial para el desarrollo del Okinawa Karatedo Argentino, y una persona esepcional a la que le debemos agradecimiento eterno.

初心忘れるべからず NUNCA OLVIDES EL ESPIRITU CON EL QUE COMENZASTE EL ESTUDIO DEL KARATEDO

 

初心忘れるべからず  Shoshin Wasureru Bekarazu

En el sendero del Budō tradicional, así como en el camino de la vida, existe una enseñanza que ha sido transmitida de generación en generación y que permanece inalterable con el paso del tiempo: "Nunca olvides el corazón con el que emprendiste el primer paso."

Todo camino verdadero comienza con un espíritu puro: el deseo sincero de aprender, la humildad para recibir la enseñanza y la determinación de superarse día tras día. Sin embargo, los años, las dificultades, la rutina e incluso los logros alcanzados pueden desviar nuestra mirada del propósito que dio origen a nuestro recorrido.

Fue el maestro Zeami quien expresó esta profunda reflexión hace más de seis siglos, y desde entonces sus palabras han acompañado a quienes comprenden que el verdadero crecimiento no consiste únicamente en perfeccionar la técnica, sino también en conservar la sencillez del principiante, el respeto hacia quienes nos precedieron y la gratitud por las enseñanzas recibidas.

En la tradición de Okinawa, el conocimiento no pertenece a quien lo domina, sino a quien lo preserva con humildad y lo transmite con sinceridad a las generaciones futuras. Por ello, recordar el "Shoshin" es honrar a nuestros Maestros, a nuestros antecesores y al legado que nos fue confiado. Que, cualquiera sea la distancia recorrida, nuestro corazón permanezca tan humilde y decidido como el día en que dimos el primer paso sobre el Dōjō.

初心忘れるべからず  Nunca olvides el espíritu con el que comenzaste

HEMOS ESTRENADO EN TAISHINKAN CHIKARA DOJO UNA ARTESANIA REALIZADA EN PAPEL TRAIDA DESDE OKINAWA JAPON SOBRE EL SEIDEN DEL CASTILLO DE SHURI

 

En el viaje a Okinawa del año 2024, Sensei Luis Lemos y Sensei Matías Lemos, trajeron una maqueta para armar en escala real, del Seiden del Castillo de Shuri. Luego de un año de meticuloso trabajo hemos culminado su armado y ya se encuentra expuesta en Taishinkan Chikara Dojo Argentina

Este tipo de trabajos artesanales en papel lleva por nombre "Kami Kōsaku" (紙工作)

Kamikōsaku no es un término tradicional japonés establecido, sino una expresión coloquial moderna formada por: 神 (kami) = dios, divino, extraordinario, y 工作 (kōsaku) = trabajo manual, construcción, elaboración, artesanía. Dependiendo del contexto puede interpretarse como: “Trabajo divino” “Obra maestra” “Artesanía extraordinaria” o “Construcción hecha con una habilidad increíble”

Es un trabajo muy valorado porque requiere dedicación, habilidad manual, concentración, detalle, observación, y sobre todo paciencia y tiempo. 

GANADORES DE LA "COPA HAGAKURE 2026"

 

EL LIBRO "SHINGITAI" DE SENSEI LUIS LEMOS, EN EL STAND DE VENTAS DE LA ASOCIACION NANZENJI EN EL BAZAA DE SEIBU 2026

   

El dia de ayer, en el marco del Bazaa de la Asociación Japonesa Seibu 西部, compartimos un Stand junto a los amigos de Nanzenji 南禅寺 la comunidad Zen del Sur-Asociación Civil, para la venta del libro de Sensei Luis Lemos llamado "Shingitai".


Compartimos ademas, una gran tarde llena de sorteos, actividades, muestras, buena charla Uchinanchu, exquisita gastronomia, y lo mas importante: rodeados de Amigos!

SENSEI LUIS LEMOS Y SENSEI MATIAS LEMOS PARTICIPARON DE LA PRIMERA REUNION ANUAL 2026 DEL URASOE SHIMINKAI DE ARGENTINA EN EL CENTRO OKINAWENSE DE ARGENTINA

  

Sensei Luis Lemos y Sensei Matias Lemos, fueron invitados a participar de la primera reunion anual del Urasoe Shiminkai Argentina, que se desarrollo en las instalaciones del Centro Okinawense de Argentina hace unos dias.

Su Señora Presidenta, la Señora Marcela Kasay, invito a nuestros Sensei por la afinidad de estos con la Ciudad de Urasoe-shi en Okinawa, donde se encuentra establecido el Taishinkan Hombu Dojo y el Taishinkan Maeda Dojo. Ademas, Sensei Luis Lemos, es un estudioso de la cultura y la historia Okinawense, con mucho vinculo con instituciones culturales de Urasoe.

Agradecemos mucho la hospitalidad brindada por este hermoso grupo y estamos orgullosos de poder colaborar en futuras acciones conjuntas para la promocion de eventos culturales que difundan las particularidades de esta region de Okinawa (Japon) aqui en nuestro Pais. 

EXITOSA REALIZACION DE LA COPA HAGAKURE 2026 DE KARATEDO Y KOBUDO TRADICIONAL DE OKINAWA

 

"COPA HAGAKURE 2026"

El pasado domingo 7 de junio de 2026 se llevó a cabo una nueva edición de la tradicional "Copa Hagakure", encuentro de Karate-Do y Kobudo Tradicional de Okinawa organizado por la Asociación Taishinkan Chikara Dojo Argentina, que tuvo lugar en las instalaciones del OVA Villa Real de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

La "Copa Hagakure" constituye una actividad de carácter interno destinada exclusivamente a los alumnos de la institución, y tiene como principal objetivo brindar una experiencia formativa integral que permita a competidores, árbitros y auxiliares de mesa adquirir los conocimientos y la práctica necesarios para desempeñarse posteriormente en los campeonatos oficiales de la República Argentina.

     

Lejos de ser únicamente una competencia, este encuentro funciona como un verdadero seminario práctico donde cada participante tiene la oportunidad de experimentar las exigencias y responsabilidades que demanda un torneo de Karate Tradicional. De esta manera, los alumnos pueden familiarizarse con los reglamentos, protocolos arbitrales, sistemas de puntuación y procedimientos organizativos que forman parte del desarrollo de los eventos oficiales.

La dirección general del torneo estuvo a cargo de Sensei Luis Lemos y Sensei Matías Lemos, quienes coordinaron el trabajo de instructores, árbitros, colaboradores y competidores, garantizando el correcto desarrollo de cada una de las actividades programadas. Gracias al compromiso de todo el equipo organizador, la jornada se desarrolló en un clima de respeto, camaradería y permanente aprendizaje, valores fundamentales de la práctica tradicional del Karate-Do y el Kobudo de Okinawa.

   
   
   
   
   

Durante toda la jornada se realizaron competencias y prácticas supervisadas de Kata, Kumite y Kobudo, permitiendo a los participantes poner a prueba sus habilidades técnicas, fortalecer su espíritu competitivo y adquirir experiencia en un entorno controlado y educativo. Asimismo, los futuros árbitros y auxiliares de mesa pudieron desempeñarse en situaciones reales de torneo, consolidando los conocimientos adquiridos durante su formación.

Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue la participación como escuela invitada del Matsubayashi-Ryu Kumoji Dojo, dirigido por Sensei Yamil Pecci. Su presencia enriqueció significativamente el encuentro, fortaleciendo los lazos de amistad y cooperación entre practicantes de distintas organizaciones dedicadas a la preservación y difusión de las artes marciales tradicionales de Okinawa.

La interacción entre los alumnos de ambas escuelas permitió compartir experiencias, conocimientos y valores, reafirmando el espíritu de fraternidad que históricamente ha caracterizado a las disciplinas marciales tradicionales. Más allá de los resultados deportivos, la jornada se convirtió en una valiosa oportunidad para el crecimiento personal y técnico de todos los participantes.

Los resultados obtenidos han sido los siguientes:

  

KATA INFANTILES MIXTO: 1° Baltazar Rodríguez - 2° Tosone Benicio – 3° Rodríguez Frida

KATA JUV HASTA 5º KYU MIXTO: 1° Pose Brenda – 2° Sánchez Felipe – 3° Metherian Leia

KATA MAY 5º KYU MASC: 1° Graciano Alejandro – 2° Rucci Damian – 3° Mascali Santiago

  

KATA MAY DE 4º A 1º KYU MASC: 1° De Vitta Ezequiel – 2° Sassi Alejandro – 3° Pérez Jorge

KATA MAY HASTA 5º KYU FEM: 1° Rivolta M. – 2° Lerose F. – 3° Somaschini L.

KATA DE 4º A 1º KYU FEM: 1° Filgueira E. – 2° Anguslegui C. – 3° De Cristofalo C.

  

KATA SENIOR KYU MIXTO: 1° Paz Milena – 2° Falicoff Mario – 3° Zambrano Rogelio

KATA ADULTOS DANES: 1° Lemos Matias – 2° Mazzoni Agustin – 3° Carnevale Emanuel

KUMITE INFANTILES MIXTO: 1° Tosone Benicio – 2° Rodríguez Frida – 3° Zerpa Matias

  

KUMITE JUVENILES FEMENINO: 1° Pose Brenda – 2° Metherian Leia

KUMITE MASC 5° KYU: 1° Mascali Santiago – 2° Graciano Alejandro – 3° Dominguez Marco

KUMITE FEM HASTA 5 KYU: 1° Rivolta Milagros – 2° Lara Somaschini – 3° Lerose Francisca

  

KUMITE MASC 4° A 1° KYU: 1° Pérez Soto Jorge – 2° De Vitta Ezequiel – 3° Sassi Alejandro

KUMITE FEM 4° A 1° KYU: 1° De Cristofalo Cecilia – 2° Filgueira Ema – 3° Zalazar María

KUMITE SENIOR KYU MIXTO: 1° Falicoff Mario – 2° Zambrano Rogelio

  

KUMITE DANES MASC: 1° Carnevale Emanuel – 2° Mazzoni Agustin – 3° Núñez Faig Lucas

KATA SAI MIXTO: 1° Mazzoni Agustin – 2° Grossi Axel – 3° Cantariño Gustavo

KATA BO AVANZADOS: 1° Lemos Matias – 2° Mazzoni Agustin – 3° Cantariño Gustavo

  

KATA BO INICIAL: 1° Grossi Axel – 2° Anguslegui Carolina – 3° Lerose Francisca

Ganador Rifa Dojo 1° Premio: Nadia Kujta - 2° Premio: Martin De La Llave

3° Premio: Nadia Kujta - 4° Premio: Francisca Lerose

La Asociación Taishinkan Chikara Dojo Argentina agradece profundamente a los competidores, instructores, árbitros, auxiliares de mesa, familiares y colaboradores que hicieron posible una nueva edición de la "Copa Hagakure". Su esfuerzo y dedicación contribuyen año tras año a consolidar este espacio de formación y perfeccionamiento, fundamental para el desarrollo de las futuras generaciones de karatekas y kobudokas.

Con la satisfacción de haber cumplido una vez más los objetivos propuestos, la organización ya comienza a proyectar futuras actividades destinadas a continuar fortaleciendo la enseñanza y la práctica del Karate-Do y Kobudo Tradicional de Okinawa en nuestro país, manteniendo vivo el legado transmitido por los maestros que han dedicado su vida a estas nobles disciplinas. 

"Copa Hagakure 2026": una jornada de aprendizaje, tradición, disciplina y crecimiento, donde cada participante dio un paso más en el camino del Budō tradicional.