
KINZO MAKINO: EL PRIMER INMIGRANTE JAPONÉS EN LA REPÚBLICA ARGENTINA
En 2026 se cumplen 140 años de un acontecimiento que, visto en perspectiva histórica, adquirió una enorme trascendencia para las relaciones entre la República Argentina y Japón: la llegada y posterior radicación en nuestro país de Kinzo Makino, considerado oficialmente el primer inmigrante japonés que se estableció en territorio argentino.
La Embajada de la República Argentina en Japón, la Cancillería argentina, el Museo de la Inmigración Japonesa y organismos vinculados a la comunidad nikkei reconocen a Makino como el primer inmigrante japonés radicado en Argentina. En 1886 se estableció en la provincia de Córdoba, dando comienzo a una presencia japonesa que, con el paso de las décadas, se transformaría en una comunidad profundamente integrada a la sociedad argentina.
La importancia de Makino no reside solamente en haber sido el primero. Su historia representa también el carácter espontáneo, individual y aventurero de los primeros movimientos migratorios japoneses hacia la Argentina, mucho antes de que existieran acuerdos migratorios entre ambos gobiernos y antes de que se produjera la inmigración japonesa organizada que caracterizaría buena parte del siglo XX.
Su llegada se produjo en un momento en que Japón atravesaba una profunda transformación histórica y Argentina se encontraba en pleno proceso de consolidación institucional, expansión económica y construcción de una nación receptora de inmigrantes.
Japón en la segunda mitad del siglo XIX
Para comprender la decisión de Kinzo Makino de abandonar Japón es necesario observar el contexto de su época. En 1868 había comenzado en Japón la Restauración Meiji, proceso que puso fin al largo período del shogunato Tokugawa y dio inicio a una profunda transformación política, económica, social y tecnológica.
Japón comenzó a abrirse progresivamente al mundo exterior. Se modernizaron las instituciones, se impulsó la industrialización, se construyeron ferrocarriles y se enviaron estudiantes y trabajadores al extranjero para adquirir conocimientos y experiencias. La apertura también generó un fenómeno migratorio que llevaría a numerosos japoneses a buscar oportunidades fuera del archipiélago.
La emigración japonesa hacia otros países comenzó a adquirir importancia durante las últimas décadas del siglo XIX. Hawái se convirtió en uno de los primeros grandes destinos de trabajadores japoneses, seguido posteriormente por Estados Unidos, Canadá, Perú, Brasil y otros países de América.
Argentina, sin embargo, no formaba parte todavía de los principales destinos de la emigración japonesa. Por eso la historia de Makino resulta particularmente excepcional.

¿Quién fue Kinzo Makino?
Kinzo Makino nació en 1859, según las investigaciones históricas más difundidas, en la zona de Misaki, antigua provincia de Sagami, actual ciudad de Miura, prefectura de Kanagawa, en las proximidades de Yokosuka. Algunas fuentes señalan pequeñas diferencias respecto de su fecha exacta de nacimiento, pero existe coincidencia general en situar su nacimiento alrededor de 1859.
Su origen estaba relacionado con una región marítima, algo que ayuda a comprender su posterior vinculación con la navegación. Siendo todavía joven, Makino se embarcó en un buque británico. Alrededor de los 18 años habría comenzado a trabajar como tripulante de barcos extranjeros, experiencia que le permitió recorrer diferentes puertos del mundo y adquirir conocimientos de inglés. Esta experiencia internacional resultaría decisiva.
Makino no salió de Japón formando parte de un programa de colonización organizado por el gobierno japonés ni de un contingente migratorio destinado a la Argentina. Fue, en esencia, un emigrante individual, impulsado por su deseo de conocer el mundo y encontrar nuevas oportunidades.
De acuerdo con las investigaciones realizadas por el Museo de la Inmigración Japonesa de JICA y por especialistas de la comunidad nikkei, Makino llegó a América como integrante de la tripulación de un barco británico. En 1886, cuando tenía aproximadamente 27 años, decidió desembarcar en Buenos Aires. Este hecho es fundamental para comprender la naturaleza de la primera inmigración japonesa a Argentina.
Makino no llegó como parte de una inmigración organizada por Japón. Tampoco existía todavía un convenio migratorio entre ambos países. Su llegada fue producto de una decisión personal.
El Museo de la Inmigración Japonesa señala que Makino llegó a territorio argentino en 1886, desembarcó en la zona de Buenos Aires y posteriormente se trasladó hacia Córdoba, donde comenzó a trabajar para una empresa ferroviaria británica. Otros estudios históricos indican que su ingreso habría tenido características irregulares, relacionadas con el abandono del buque en el que trabajaba. Por ello, resulta importante distinguir entre "primer japonés que pisó el territorio argentino" y "primer inmigrante japonés que se radicó en Argentina".
La documentación histórica permite reconocer a Kinzo Makino como el primer japonés que se estableció de manera permanente en el país.
Argentina en 1886: un país que buscaba inmigrantes
La llegada de Makino ocurrió en un momento excepcional de la historia argentina. Era el período conocido como la Generación del 80, durante la presidencia de Julio Argentino Roca.
Argentina estaba impulsando un modelo económico basado en la expansión agropecuaria, las exportaciones, la incorporación de nuevas tierras, el desarrollo ferroviario y la llegada de inmigrantes. La inmigración era considerada una herramienta fundamental para poblar el territorio y contribuir al desarrollo económico. La legislación argentina ya había establecido un marco favorable para la inmigración europea.
La Ley de Inmigración y Colonización N.º 817, sancionada en 1876, conocida como Ley Avellaneda, había creado mecanismos para fomentar y organizar la llegada de inmigrantes. La Argentina buscaba trabajadores, agricultores, técnicos, artesanos y personas que pudieran incorporarse a una sociedad en plena expansión. Sin embargo, la mayor parte de los inmigrantes que llegaban al país provenían de Europa, especialmente de Italia y España. La llegada de un japonés era todavía un acontecimiento absolutamente excepcional.
Después de llegar a Buenos Aires, Kinzo Makino se trasladó hacia la provincia de Córdoba, y esta elección no fue casual. Córdoba estaba adquiriendo una importancia creciente dentro del desarrollo económico argentino y, especialmente, en la expansión de la red ferroviaria. El ferrocarril era uno de los grandes símbolos de la Argentina de finales del siglo XIX. Las compañías de capital británico habían comenzado a construir una extensa red ferroviaria que conectaba Buenos Aires con diferentes regiones del país. Para un hombre que tenía experiencia marítima y técnica, el mundo ferroviario ofrecía una posibilidad concreta de trabajo.
Makino comenzó a trabajar en el Ferrocarril Central Argentino, empresa de capital británico que operaba una de las principales líneas ferroviarias del país. Las fuentes históricas lo identifican como trabajador ferroviario y posteriormente como maquinista. Algunas referencias lo mencionan inicialmente como fogonero y luego como maquinista.
"Miguel King": la adaptación a una nueva sociedad
Una de las particularidades de la historia de Kinzo Makino es que durante su vida en Argentina también fue conocido como Miguel King o Michael King. El cambio de nombre refleja una realidad frecuente entre los primeros inmigrantes japoneses: la necesidad de adaptarse lingüística y socialmente a una sociedad completamente diferente.
Makino dominaba el inglés debido a sus años trabajando en barcos británicos. El dominio de ese idioma probablemente facilitó su incorporación al mundo ferroviario, donde las empresas británicas tenían una presencia importante. Su capacidad de adaptación le permitió desarrollar una carrera laboral estable. Con el paso del tiempo, dejó de ser simplemente aquel joven japonés que había desembarcado en Buenos Aires y se convirtió en un trabajador establecido en Córdoba.
La provincia de Cordoba es considerada la cuna de la inmigración japonesa en Argentina, porque allí Kinzo Makino se estableció en 1886. En la actualidad, la Embajada Argentina en Japón señala específicamente que Makino se radicó en el barrio San Vicente de la ciudad de Córdoba. De esta manera, la historia de los japoneses en Argentina no comenzó en Buenos Aires, aunque la capital posteriormente se convertiría en el principal centro urbano de la comunidad. Comenzó en Córdoba. Y comenzó con un solo hombre.
Uno de los aspectos más llamativos de la historia de Makino es que durante un largo período habría sido prácticamente el único japonés residente en Argentina. Investigaciones recientes señalan que recién alrededor de 1900 llegaron otros japoneses documentados al país, entre ellos jóvenes que arribaron a bordo de la fragata escuela argentina ARA Presidente Sarmiento. Hasta entonces, Makino habría vivido durante años prácticamente aislado de otros compatriotas. Esta situación permite imaginar la dimensión del desafío.
Con el paso de los años, Makino logró establecerse definitivamente en Córdoba, formó una familia y construyó una vida en Argentina. Las investigaciones de la comunidad nikkei señalan que vivió en las cercanías de la ciudad de Córdoba, en la zona de General Paz, en una casa con jardín construida con los ahorros obtenidos durante sus años de trabajo ferroviario.
Este dato es particularmente significativo. El joven japonés que había llegado décadas atrás como tripulante de un barco extranjero había logrado transformarse en un vecino establecido de la sociedad cordobesa. Su historia pasó así de ser una aventura migratoria individual a convertirse en una historia familiar.
El trabajo de Makino en el ferrocarril tuvo una importancia que excedió su propia subsistencia. El ferrocarril era uno de los sectores más modernos de la Argentina de aquella época. Representaba tecnología, comunicación, movilidad y expansión territorial. La incorporación de Makino a ese mundo demuestra que su llegada a Argentina no fue simplemente una experiencia de supervivencia. Logró adquirir una posición laboral estable y desarrollar una trayectoria prolongada dentro de una empresa vinculada a la modernización del país. Según investigaciones recientes, continuó trabajando hasta su jubilación en 1927, después de aproximadamente 34 años de actividad ferroviaria. De esta manera, gran parte de su vida adulta quedó vinculada al proceso de modernización argentino.
Durante las primeras décadas del siglo XX comenzaron a llegar nuevos inmigrantes japoneses. Muchos de ellos tenían dificultades para encontrar trabajo y contactos. En ese contexto, Makino se convirtió naturalmente en una referencia. Testimonios recogidos por investigadores señalan que durante los primeros años de la década de 1910 japoneses recién llegados acudían a él en busca de ayuda laboral. En Córdoba se estaban realizando obras ferroviarias y Makino habría ayudado a conseguir empleos temporarios para algunos de esos trabajadores japoneses. Este hecho es fundamental. El primer inmigrante japonés dejó de ser solamente un pionero individual. Se transformó en uno de los primeros referentes de los japoneses que comenzaban a llegar al país.
Antes de la inmigración organizada
La historia de Kinzo Makino permite comprender que la inmigración japonesa a Argentina tuvo varias etapas. La primera fue individual y espontánea. Luego aparecieron pequeños grupos de trabajadores. Más tarde se desarrolló una inmigración vinculada con Brasil y otros países sudamericanos. Finalmente, durante el siglo XX, aparecieron programas migratorios organizados y colonias agrícolas. La propia documentación japonesa señala que la migración hacia Argentina comenzó en 1886, con Makino, y que posteriormente muchos inmigrantes llegaron desde Brasil y otros países vecinos. Por eso, 1886 y 1908 no deben confundirse.
1886 marca la llegada y radicación del primer inmigrante japonés.
1908 representa el comienzo de una etapa mucho más amplia de inmigración japonesa, vinculada al movimiento migratorio hacia Brasil y a la llegada de japoneses que posteriormente se trasladaron a Argentina. En 1908 ocurrió uno de los acontecimientos más conocidos de la historia de la inmigración japonesa en Sudamérica: la llegada del Kasato Maru a Santos, Brasil. El barco transportó al primer gran contingente de inmigrantes japoneses destinado a Brasil. Algunos japoneses vinculados a ese proceso terminarían trasladándose posteriormente hacia Argentina. Por esta razón, la inmigración japonesa argentina comenzó a adquirir una dimensión colectiva.
En esta nueva etapa tuvieron un peso importante los inmigrantes procedentes de Okinawa y Kagoshima, aunque posteriormente llegaron personas de muchas otras prefecturas japonesas. Con el tiempo, la comunidad japonesa argentina tendría una característica particularmente importante: la fuerte presencia de descendientes de Okinawa.
Los primeros inmigrantes japoneses que llegaron durante las primeras décadas del siglo XX desarrollaron diferentes actividades. En Buenos Aires muchos se dedicaron a trabajos urbanos. Entre ellos se destacaron las lavanderías y tintorerías, los cafés y diferentes actividades de servicios. Otros trabajaron en fábricas, puertos y actividades relacionadas con la agricultura. La floricultura también se convirtió en una actividad de gran importancia. En el interior del país se desarrollaron experiencias agrícolas y colonizadoras. La comunidad japonesa fue encontrando diferentes espacios económicos en los cuales desarrollarse y, al mismo tiempo, fue creando sus propias instituciones. Así comenzó a aparecer una verdadera colectividad.
Del inmigrante individual a la comunidad nikkei
La diferencia entre 1886 y las décadas posteriores es enorme. Cuando Makino llegó, estaba prácticamente solo. Décadas después existían asociaciones, escuelas, colonias agrícolas, instituciones culturales y redes familiares. Los inmigrantes comenzaron a organizarse para ayudarse mutuamente. La creación de asociaciones japonesas permitió conservar el idioma, las tradiciones, las festividades y los vínculos culturales. La comunidad también comenzó a desarrollar una identidad propia. Los hijos nacidos en Argentina fueron convirtiéndose en nisei, mientras que las generaciones posteriores serían conocidas como sansei, yonsei y sucesivas generaciones nikkei. Así nació una identidad argentino-japonesa que no era simplemente japonesa ni exclusivamente argentina. Era una síntesis de ambas culturas.
Las relaciones diplomáticas entre Argentina y Japón
Un dato histórico especialmente importante es que Kinzo Makino llegó a Argentina antes de que existieran relaciones diplomáticas formales entre ambos países. La llegada de Makino ocurrió en 1886. Doce años después, en 1898, Argentina y Japón firmaron el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. Este tratado fue un paso fundamental para consolidar las relaciones bilaterales. Esto significa que Makino llegó a un país con el cual Japón todavía no había establecido relaciones diplomáticas formales. En cierto sentido, fue un pionero no solamente de la inmigración sino también del contacto humano entre ambos pueblos.
La presencia japonesa todavía era muy pequeña. Sin embargo, resulta revelador que el Censo Nacional de 1895 registrara ya diez japoneses residentes en Argentina. La Cancillería argentina señala específicamente que en ese censo se contabilizaron diez japoneses. Esto demuestra que entre la llegada de Makino en 1886 y 1895 ya se había producido un pequeño crecimiento de la presencia japonesa. Aunque numéricamente insignificante frente a las grandes corrientes migratorias europeas, desde el punto de vista histórico constituía el comienzo de una comunidad que décadas después adquiriría una presencia mucho mayor.
Buenos Aires estaba creciendo aceleradamente. El puerto recibía diariamente barcos provenientes de Europa. Las vías ferroviarias se extendían hacia el interior. La población aumentaba gracias a la inmigración. Se construían nuevas ciudades y barrios. La economía agroexportadora comenzaba a adquirir una importancia internacional.
En ese contexto apareció un joven japonés procedente de una isla situada al otro lado del mundo. Su lengua era completamente diferente. Su cultura era diferente. Su religión y sus costumbres eran diferentes. Su apariencia era diferente. Sin embargo, encontró un espacio para trabajar, formar una familia y vivir. Ese proceso constituye uno de los aspectos más interesantes de la historia argentina: la capacidad de incorporar personas procedentes de lugares extremadamente distantes y convertirlas, con el paso del tiempo, en parte de la sociedad nacional.
Kinzo Makino falleció en Córdoba en 1929, después de haber vivido aproximadamente 43 años en Argentina. Las fuentes históricas difieren ligeramente en algunos datos biográficos, pero existe coincidencia en que murió a los 70 años aproximadamente y que había pasado la mayor parte de su vida adulta en Argentina. Había llegado como un joven japonés en busca de nuevas oportunidades. Murió como un hombre profundamente vinculado a Córdoba. Para entonces, el escenario había cambiado completamente. Ya no era el único japonés. La inmigración japonesa había comenzado a crecer. Existían nuevas familias. Había asociaciones. Y comenzaba a desarrollarse una comunidad que continuaría creciendo durante las décadas siguientes.
La historia que comenzó con un solo hombre terminó convirtiéndose en una presencia colectiva. Los inmigrantes japoneses contribuyeron al desarrollo argentino en diferentes campos: Agricultura, Floricultura, Pesca, Servicios, Comercio, Industria, Educación, Cultura y Ciencia. Tambien se desarrollaron Profesiones universitarias y Deportes y artes marciales.
Las generaciones nacidas en Argentina fueron profundizando todavía más ese proceso de integración. Conservaron elementos de la cultura japonesa al mismo tiempo que se incorporaron plenamente a la sociedad argentina. La comunidad nikkei se convirtió así en uno de los ejemplos más interesantes de integración cultural del país.
Dentro de esta historia general existe un capítulo particularmente importante para Argentina: la inmigración proveniente de Okinawa. Los inmigrantes okinawenses tuvieron una presencia significativa en la formación de la comunidad japonesa argentina. Con ellos llegaron tradiciones propias del antiguo Reino de Ryukyu, expresiones culturales, música, danza, gastronomía y, con el paso del tiempo, diferentes manifestaciones de las artes tradicionales y del Okinawa Karate. Esta presencia ayudó a enriquecer la identidad de la comunidad japonesa argentina. La historia de Argentina y Okinawa no puede comprenderse solamente desde la perspectiva migratoria. También debe comprenderse desde el intercambio cultural.
En este año 2026, cuando se cumplen 140 años de la llegada de Kinzo Makino, resulta extraordinario observar la dimensión alcanzada por aquella primera experiencia. La inmigración japonesa que comenzó con un hombre terminó convirtiéndose en una comunidad con instituciones, asociaciones culturales, escuelas, empresas, profesionales, artistas, deportistas y numerosas familias argentino-japonesas. La Embajada Argentina en Japón conmemora oficialmente en 2026 los 140 años de la llegada de Makino, y conserva además una fotografía histórica de este pionero. La fecha constituye mucho más que un aniversario migratorio. Es la celebración de 140 años de convivencia, 140 años de familias, 140 años de trabajo, 140 años de integración y 140 años de intercambio cultural.
FELICES 140 AÑOS DE VIDA INMIGRACION JAPONESA A LA ARGENTINA!
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